Cuando vivía en Barranquilla tuve una vecina, Patricia Hernández, que por pasatiempo hacía tortas de cumpleaños. En una conversación que tuvimos me contó que iba a hacer una torta de Aladino y, como de costumbre me gusta hacer más cosas de las que a veces puedo, sin decirle, de un día para otro, le hice en un tipo de mazapán todas las figuras de la película de Walt Disney.
Llamé a mi vecina cuando tuve listos los mazapanes para la torta y le dije que viniera para que viera lo que le había hecho. Se sorprendió y solo atinó a decir:
—¿Y ahora yo cuánto le cobro a esa mujer?
—No tienes que cobrarle nada adicional. Solo era un reto para mí hacer estos personajes —le dije.
✦
Al día siguiente ella tenía que entregar la torta. La decoró con merengue y le pusimos los personajes encima. Esos personajes eran demasiado pesados para esa torta porque no tenía un pastillaje firme, capaz de soportar tanto peso. Fue ahí cuando aprendimos que debíamos poner cubiertas satinadas en las tortas. Causó tanta sensación que mi vecina me propuso montar ese negocio en compañía…
— Continúa en el capítulo I, Las tortas —